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Durante las décadas de 1980 y 1990, acelerar a un procesador con hardware especializado era un objetivo bastante común. En esencia, lo que se buscaba era recibir los beneficios (totales o parciales) de una nueva generación de CPUs, conservando la plataforma original. Intel exploró este concepto por varios años con sus unidades OverDrive, destinadas a ordenadores 486, Pentium, y Pentium Pro. El éxito de la familia OverDrive fue muy limitado, pero en estos días podríamos aprender una cosa o dos de ella…

Un detalle que los ordenadores de antaño tenían en común era su precio. Había que pensarlo muy bien antes de invertir cientos, o por qué no miles de dólares en un ordenador que se convertiría (para bien o para mal) en otro miembro más de la familia. Todos y cada uno de los componentes eran caros, e incluso las actualizaciones demandaban un cuidadoso análisis. En aquellos años, los usuarios buscaban exprimir al máximo sus configuraciones y hacerlas perdurar en el tiempo, algo diametralmente opuesto a la obsolescencia programada que nos consume hoy.

Esa necesidad dio lugar a piezas de hardware como los llamados «aceleradores de CPU», que en general eran desarrollados por terceros, y adoptaban diferentes formatos dependiendo del ordenador que los iba a recibir. Con el espectacular avance de las plataformas 80×86 y la introducción de los famosos «sockets», Inteltambién creó sus propios aceleradores. La aventura comenzó con los chips RapidCAD que habilitaban el acceso a un procesador Intel 486DX en una placa base para chips 386, pero todo el concepto quedó más expuesto al público gracias a la marca OverDrive. Según el modelo, un procesador OverDrive podía asumir el rol de reemplazo directo, u ocupar un zócalo especial junto al chip original que estaba soldado al PCB, y por lo tanto era imposible de retirar. Los procesadores OverDrive venían con un disipador integrado, al igual que varios reguladores de voltaje adicionales. Intel lanzó más de una docena de variantes preparadas para «mejorar» ordenadores 486, pero el nombre OverDrive se extendió a los procesadores Pentium, Pentium MMX, e incluso los Pentium II en formato Socket 8 para reemplazar a los Pentium Pro.

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Ahora, si los beneficios estaban allí, ¿por qué no tuvieron éxito? Las razones principales fueron tres: En primer lugar, su relación costo-beneficio era muy pobre. A modo de ejemplo, el Pentium Overdrive de 83 MHz debutó con un precio de299 dólares en 1995, cuando en ese entonces un usuario tenía la posibilidad de adquirir un procesador de la competencia y obtener un rendimiento superior(salvo en aquellos casos con un especial énfasis sobre el FPU) a una fracción de ese valor. En segundo lugar, los conflictos de compatibilidad estaban a la orden del día, y más allá de los esfuerzos hechos por Intel, muchas placas base eran incapaces de usar estos chips al máximo, o perdían funciones en el intento (como la memoria caché L2 externa). Y en tercer lugar, el acceso a nuevos procesadores sobre placas antiguas afectaba las ventas de PCs nuevas. En lo personal, creo que a muchos usuarios les encantaría poder contar con alguna variante de procesadores modernos que puedan ser usados en zócalos retirados, como el LGA775 (Intel) o el AM2 (AMD), pero digamos que los propios fabricantes se encargaron de enterrar eso…

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